Posición de la Revista Académica para el Estudio de las Religiones sobre señalamientos recientes contra un integrante de nuestro Consejo Editorial

 

Por tratarse de un medio de divulgación científica multidisciplinar, la publicación de la Revista Académica para el Estudio de las Religiones es coordinada por un Consejo Editorial de profesionistas que se rige por estándares metodológicos establecidos en la sociología, la historia, la antropología, y otros ámbitos del quehacer académico representados por nuestros colaboradores e investigadores. Tratar con la seriedad que requiere la delicada temática de las creencias y las religiones demanda el dominio de criterios objetivos de verificación, de información y de fuentes, de tal manera que las conclusiones y datos publicados puedan ser sustentables, por ejemplo, en foros especializados de colegas y expertos de universidades y asociaciones profesionales diversas, no sólo del círculo profesional propio. Lo mismo podemos decir en cuanto a fijar nuestras posiciones editoriales después de evaluar las informaciones que surgen en los entornos socio-religiosos que estudiamos cotidianamente.

Uno de esos entornos es el periodístico, con el cual estamos frecuentemente en deuda y al cual estamos naturalmente atentos como parte de nuestro análisis del fenómeno de la globalización religiosa en México y America Latina. Las dinámicas mediáticas, particularmente en México, como lo han planteado varios trabajos previamente publicados en esta revista, tienen características propias que requieren de escrutinio sostenido, conocimiento especializado de contextos, y análisis prudentes al tratar de inteligir controversias, especialmente en escenarios políticos enrarecidos. La Revista Académica para el Estudio de las Religiones ha acreditado experiencia en dicho ámbito. Ha publicado monografías en temas tan escabrosos como la masacre de Acteal durante la era del PRI, la persecución religiosa contra los protestantes en Chiapas, el surgimiento de movimientos religiosos armados. En 1998 publicamos los primeros trabajos académicos sobre el tema de Maciel y los legionarios de Cristo, cuando hacerlo era tabú y abrir nuestro espacio a dicho tema entrañaba costos y riesgos. Abordamos también el Islam después del 9/11 desde perspectivas críticas y variadas, mas de manera informada, plural y responsable, sin menoscabo de la libertad de expresión de ideas.

Antes de poder ser analistas certeros y, eventualmente agudos, los especialistas de la religión son, ante todo, observadores acuciosos. Por esta razón, la Revista Académica para el Estudio de las Religiones no ha fijado una postura editorial ante las informaciones que durante los últimos 2 meses se han generado con rapidez respecto a algunas asociaciones religiosas en México con señalamientos controversiales. Los mismos, que en momentos han tenido un timing curioso, por decir lo menos, se han orientado más recientemente contra un colega y miembro conocido del Consejo Editorial de esta revista, los cuales él a su vez ha desmentido de manera pública. Consideramos aun prematuro pronunciarnos al respecto pero aportamos a nuestros lectores las siguientes observaciones:

• En un análisis preeliminar, hemos corroborado que algunas de las principales descalificaciones en su contra son antiguas y tienen su origen en fuentes anónimas de la Internet. No son acompañadas de soporte documental verificable. Su tono y propósito prima facie parece difamatorio y algunas de las entidades que aparecen con emisoras de dichas informaciones tienen a todas luces obvios conflictos de interés, lo que pone en duda su objetividad y motivación. Esto no invalidaría los señalamientos pero lo cierto es que tampoco abona a su credibilidad. Tales hechos refuerzan la necesidad de un análisis muy cuidadoso de los datos, máxime que muchos son anecdóticos y otros son anónimos.

• Hasta este momento, y a falta de suficientes fuentes primarias y documentación verificable, la posición del Consejo Editorial de la Revista Académica para el Estudio de las Religiones es que lo relativo a dicho miembro de nuestro Consejo pertenece al ámbito de la especulación. Aclaramos, asimismo, que no hemos recibido hasta el momento ninguna queja formal en su contra. El Consejo Editorial, conformado por otros cuatro profesores universitarios reconocidos, no ha recibido ni le ha sido proporcionada información sustanciada con fuentes primarias que se puedan someter al escrutinio de un grupo imparcial de especialistas en el ámbito para evaluar su mérito. Eso nos llama la atención. Para los científicos sociales, los recortes de notas periodísticos son interesantes pero no son sustitutos de la documentación ni de tener acceso a fuentes primarias corroborables a quienes aplicar metodologías estándar para establecer credibilidad de las versiones en asuntos polémicos, como en su momento lo hemos hecho en otros casos, para poder llegar a conclusiones responsables y objetivas.

• En lo referente a las creencias personales de los colaboradores o integrantes del Consejo Editorial de la Revista Académica para el Estudio de las Religiones, especialmente del ya referido, hemos subrayado siempre nuestro compromiso con el pluralismo religioso, la tolerancia y la equidad de género. Profesar creencias, o la ausencia de ellas, no acredita ni descalifica el quehacer intelectual o académico de ninguna persona. La historia es prolija en ejemplos de investigadores competentes que se suscribían a creencias minoritarias, mayoritarias o a ninguna.

• Todos los trabajos publicados en la Revista Académica para el Estudio de las Religiones pasan un riguroso proceso de revisión editorial por especialistas calificados. La calidad de las investigaciones y trabajos publicados están a la vista del público y no vemos por que cualquier creencia personal pudiese desvirtuarlos. Se requeriría comprobar errores factuales o metodológicos. Frecuentemente, los trabajos publicados han sido presentados previamente en foros universitarios y congresos internacionales y nacionales en donde son sujetos de escrutinio y discusión por otros colegas, tamiz riguroso que, superado, suele enriquecerlos y validar su calidad. Esta es otra salvaguarda más —que nunca garantía absoluta— para presentar a los lectores análisis y textos objetivos. Por supuesto, existen a su vez otros espacios y foros para corregir, refutar o matizar cualquier investigación publicada. Dichos intercambios son siempre beneficiosos.

• Los lectores de nuestra revista son, como siempre, el mejor juez de la calidad e importancia de los artículos de nuestros colaboradores. El Consejo Editorial evalúa el mérito, la objetividad y la calidad de los trabajos a publicar, no la fe particular de los especialistas. Por otra parte, siempre hemos estado abiertos a publicar réplicas o hacer correcciones a cualquier trabajo. Ese principio es parte importante de nuestra política editorial y de nuestro compromiso con la divulgación científica.

• Confiamos en el profesionalismo de todos los integrantes del Consejo Editorial de la Revista Académica para el Estudio de las Religiones. Cualquier cambio de postura al respecto, si tal fuese el caso, sería comunicada formalmente y nunca tendrá que ver con profesar o no determinadas creencias personales.

 

Atentamente

Consejo Editorial

Revista Académica para el Estudio de las Religiones

México, D.F. 3 de abril de 2009